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Review: Buscando a Dory

16 jun 2016
2 min de lectura

En la pacifica vida de los arrecifes de California, Dory es un problema. Si bien cataloga como un problema ameno, lo cierto es que su pérdida de memoria a corto plazo la convierte en una carga para Marlín, Nemo y demás amigos del mundillo marino. Desde luego que todos la adoran y tratan de protegerla de ella misma, pero por momentos se torna cuesta arriba.


La historia de Buscando a Dory se sitúa un año después de los acontecimientos de Buscando a Nemo (2003). Ya a salvo, un día común y corriente, Dory (Ellen DeGeneres) comienza a tener pequeños flashbacks de su juventud junto a sus padres. De inmediato, pica en punta por el arrecife hasta el borde del mismo y discute con Marlín, que la había seguido por precaución. Se produce un ida y vuelta de acusaciones, sobre todo por parte del pez payaso. Éste último entiende que le debe una a su amiga, que es necesario ir en la búsqueda de sus padres y es así como comienza la nueva aventura.


A diferencia de algunos filmes de animación que se han quedado sin ideas (léase La Era del Hielo y Shrek, por citar ejemplos de los últimos años), la muchachada de Pixar dio en el clavo otra vez. Buscando a Dory utiliza la misma fórmula que su antecesora pero alterando algunas variables: en primera instancia emerge la falta de un ser querido, en este caso sus padres; en aquel entonces la captura de Nemo por parte de los buzos provocó un quiebre en Marlín, dispuesto a todo por encontrar a su hijo. Luego arriba la respectiva búsqueda que conlleva en la aventura a través del océano, antes cruzándolo de proa a popa, de camino a Sidney; ésta vez con el destino unas cuantas leguas más cerca.


Andrew Stanton (director de Buscando a Nemo y de WALL-E, entre otras) sacó a relucir lo mejor del tridente de protagonistas, sumando nuevos personajes adorables, entre los que se destacan Hank (Ed O’Neill), un pulpo de siete tentáculos que ayuda a Dory durante el recorrido haciendo las veces de gurú, y las apariciones de Fluke (Idris Elba), un sedentario lobo marino.


Buscando a Dory es una película maravillosa, de nervio sensible. Mantiene la cuota justa de drama sin ser apabullante y sostiene el motor cómico encendido durante la hora y media de metraje. No sólo está a la altura de la primera entrega, sino que existe la posibilidad de que con el tiempo logre superarla.

 
 
 

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