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Distinta Realidad – Translúcido, Bándalos Chinos e In Corp Sanctis en Niceto

5 may 2016
3 min de lectura

La noche cae. Llegan los jóvenes trajeados con colores contradictorios que no son producto de una orden imperativa de etiqueta, sino más bien de una demanda del estereotipo que invoca el género musical que se iba a hacer presente en Niceto. Se cruzan miradas, se reencuentran amigos y se saludan mientras sus smartphones son aturdidos por audios de whats app, reclamando la asfixiante pero cotidiana atención de todos los días. Se sirven tragos, hay risas que surgen de espontáneos y lindos momentos. Por otro lado, también hay decepciones, citas que fallaron, un comentario de mal gusto o un celular que finalmente se quedó sin batería. La vorágine de emociones y la inevitable formación de una incontenible supercelda se disipan cuando se abre el telón y comienza la misa, para después volver en forma de sonido.


La canción eterna | La introducción del ritual estuvo a cargo de Translúcido, una banda que deja traspasar la luz a través de un minucioso sonido progresivo que está acompañado por una demencial danza de luces psicodélicas e imágenes absorbentes. Su show es un océano inmenso que ofrece al público sumergirse en una odisea submarina de sonidos electrónicos, guitarras con eco y sintetizadores abismales que por momentos se pierden en la locura del noise. El recital de Translúcido -que estuvo a la altura del contexto- terminó sin pausas, como si todo hubiera sido una canción eterna que cumplió con el objetivo de unir a la gente con la intensidad de la música.

Hipnosis a contraluz | En el punto intermedio del rito, aparecieron en el escenario los Bándalos Chinos para seguir con el repertorio alucinógeno, agregándole condimentos de pop y funk a la función. La presentación es un constante reparto de papeles entre los sintetizadores que hunden a todo Niceto en bailes sedantes e irresistibles y las guitarras que oscilan entre rasgueos pegadizos y un calmo reposo en chorus. Este intercambio sonoro produjo una atmosfera onírica y un estado de hipnosis por parte de los Bándalos, a los que se tornó dificultoso observarles el rostro a causa de un intencional juego de luces, permitiendo que el recuerdo del show quede solamente en el sonido y la sensación.


Viaje en el tiempo | Los grupos invitados ya finalizaron sus presentaciones, y era el momento de que suban los protagonistas de la noche. Comienzan a sonar los sintetizadores, se suma una guitarra absorbida por el phaser y una batería que le da sentido a la anarquía psicodélica para que In Corp Sanctis y el público puedan desplazarse durante todo el show por el espacio y el tiempo. El grupo tocó temas de su nuevo disco, “Libres Van”, y a ellos les sumó largos trances de improvisación y variaciones melódicas y rítmicas, manteniendo la base de un bajo que con sus graves movilizaba a los oyentes, totalmente entregados al viaje de la banda. Por momentos, Niceto parecía haberse convertido en club de los 70’ donde la música y la progresión iban de la mano y los shows no eran un simple repertorio de once canciones. Sin embargo, esta excitación sensorial se desvanecía cuando el conjunto se atrevía a romper la estética de la noche interpretando canciones de blues rock que confundía brevemente al público, pero que al instante se sumaba al baile para disfrutar los poderosos e intensos riffs de las guitarras, para luego volver a la introspección del rock psicodélico. El show se basó en estas dos variaciones, que remiten a distintos puntos temporales de la historia del rock –la psicodelia de los 70’ y el blues rock americano de los 60’-, y son lo que forman el estilo musical y estético de In Corp Sanctis, una banda que sabe crear y conducir el sueño de su música pero a la vez tienen la fórmula para despertarla.




 
 
 

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