Jugar en Primera sin ponerse colorado

Las canchas son para el fobal
Desde que el rock y el pop se transformaron en una porción ineludible de la cultura popular, los teatros, y luego los estadios cerrados de básquet empezaron a quedar chicos para recibir a las grandes bandas, se empezaron a utilizar los campos de fútbol. Claro, la idea y la forma de concepción de estos grandes escenarios es para que todos los que estamos arriba veamos lo que ocurre ahí abajo. Así tanto en el Foro Romano con el Emperador haciendo desde la platea “pulgar arriba” o “pulgar abajo”, como en el actual fútbol de cada fin de semana – o rugby, según gustos-, todos rodeamos lo que estamos viendo, que suele estar más abajo. Decíamos, el rock and pop creció en convocatoria y llegó a los estadios. Claro, no tenemos la plata para traer a Coldplay –ni hablar a los Stones, por cierto- a que toquen en el Gran Rex –con poco más de 3.000 asientos-, unas 20 veces, o unas 7 u 8 veces en las 8.500 localidades del Luna. Entonces, los recitales se hacen en lugares no pensados para escuchar música. Así es como en las canchas chicas se pierde el sonido al no rebotar en la pared – Atlanta, Ferro -, y en River, se escucha mal, poco, y se ve desde algunos lados desde lejísimo. Pero, en todo este contexto, el Ciudad de La Plata, es, sin dudas, el mejor estadio para escuchar música. Su techo que cubre un 60 %, más tribunas cercanas a la cancha, logran buena acústica y más que aceptable visual para lo que es un estadio.
El futuro llegó hace rato
Lo cierto es que el escenario ayudó, pero hace tiempo que todos sabemos – o todos los que alguna vez fuimos a ver un recital a una cancha de fútbol- que no es lo mismo. Que se escucha peor y que se ve de más lejos. Por eso, la verdad, que cuando vamos a una cancha a ver un recital, corremos con desventaja. Bueno, creo que Coldplay hizo todo lo necesario para que esa desventaja se reduzca.
Yo no supe de este recurso hasta casi el inicio del recital, pero parece que la idea de poner pulceras de colores sincronizadas centralmente data ya de unos años. Lo cierto es que su uso el jueves dio resultado. Varios colores a veces, otros con reminiscencia al tema –“Yellow”, ”Sky full of stars”-, pero el truco funcionó. Si a eso le agregamos tres escenarios –para que el pasa casi todo el recital a 60 metros tenga 10 minutos de gloria-, más fuegos artificiales, papelitos de distintos colores y tamaños, y una pantalla que acompañaba, lo visual fue claramente un aporte positivo y desenfrió el “concepto estadio” del que hablamos.
Fábrica de Hits
Coldplay suele gustar, pero genera un club de odiadores, que lo critican de fórmulas simples para hacer canciones pegadizas que no hablan de nada más que cosas cotidianas. Como si esto fuera tan fácil de hacer. Canciones como Clocks, Fix you o Open up your eyes –con buen video ilustrativo- son señales que estos tipos saben a qué se dedican-.
Y si, siempre habrá un grupo de detractores. Pero creo que, en su caso, hay que escuchar otra música y ya.
De la balada con onda, al tema bailable, Coldplay sonó realmente bien. Por supuesto que nadie vino a escuchar un solo de guitarra o batería. No, acá la vedette es la canción.
Buenos Aires quedó cerca
Y si, nos fuimos, pulcera en mano, quien sabe para qué porque nadie apretará nuevamente el botoncito para que vuelvan a encenderse todas juntas, a la hora ya estábamos cenando en Buenos Aires. La noche había arrancado con la bellísima voz de Lianne La Havas –búsuqenla en Youtube, no se van a arrepentir- y la verdad, si los recitales en estadios de bandas grandes salen sus pesos, acá al menos gran parte de lo puesto valio la pena.
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