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El Hombre Manos de Navaja

11 nov 2015
2 min de lectura

Entre Tinelli, Messi y el resto de la humanidad, hay varias diferencias. Para Il Figaro, el peluquero más famoso del momento, no hay ninguna, más que su cabello. Cortar, peinar, rasurar, las tres únicas verdades del hombre manos de navaja.


En tiempos del culto a la imagen, todo empieza por arriba; hay que tener el cabello acorde a la moda. “Antes toda venía de Europa, pero ahora viene de Estados Unidos”, dice Darío, Il Figaro, mientras corta el pelo.


Él no se detiene. En el local de la calle Álvarez Thomas conviven tres generaciones de peluqueros, Darío, su padre y su hijo. Ellos escriben actualmente la historia de un local que tiene décadas de existencia, con tradición el el barrio y orgullo por su trabajo. El fin sigue siendo el mismo de siempre: que el cliente se lleve el peinado que quiere, el que él ya tiene en su mente antes de empezar: ”yo visualizo el corte antes que nada”.


A esta altura, dice no hacer diferencia entre la gente común (la mayoría jóvenes) y los famosos, muchos futbolistas y personalidades de la farándula. De Messi a Tinelli, de Gustavo Bou a Emanuel Más, del plantel de Tigre a los vecinos del barrio de Chacarita o a clientes que vienen de lejos, todos son atendidos de manera particular. Porque, para él “cada cliente es único”.



Aunque con los famosos tiene un plus que alimenta su manía. “Che, hoy saliste despeinado en la tele” les dice a algunos, de vez en cuando. “Soy un obsesivo del tema” se justifica, mientras sigue cortando el pelo de un cliente.


“Esto es una pasión, lo que uno da lo recibe el otro” relata con entusiasmo permanente. Y como buen peluquero, tiene esa parla y ese timing para llevar una conversación casual, entre tijeras y maquinitas, a lugares secretos: “el cliente te cuenta cosas, cosas íntimas. Yo se muchas cosas de ellos”, se enorgullece.


En la silla se sienta un nuevo cliente. Un nuevo desafío, una nueva visualización, un nuevo camino a la creatividad. “Hoy los cortes son asimétricos” cuenta, mientras termina la entrevista, para empezar a pensar en el cabello que se le presenta enfrente. “El gran furor por mi trabajo se debe a la gran cantidad de cortes diferentes” acota con una sonrisa y sentencia: “estás hablando con el número uno”.

 
 
 

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