El club de la fiesta a medias
¡Ayuda! Los youtubers invaden las calles... ¿hay que temer?

A principios de este año, el Club Media Fest fue, claro, una fiesta. Pero para disfrutar se necesitaban varios requisitos: tener un oído bastante gastado, para amenizar el ruido ensordecedor de un escenario que, a falta de gusto, sube el volumen del amplificador; gustar de los chistes fáciles de youtubers que riman cualquier cosa, mientras el remate sea sexual; y, aparentemente, medir menos de 1,50… ¿o son todos niños?
De alguna manera, el mundo de los videos en YouTube se las ha ingeniado para captar un público infantil que siente admiración por unos chicos cuya aparente única habilidad es la edición de videos. Tal vez resulte lógico: viene un tipo desde España, tal vez viajó en avión, pero probablemente lo hizo a través del Wifi, te dice que se llama El Rubius y que su herramienta de trabajo es el botón rojo del Rec y vos, obvio, querés ser como él.
¿Cuánto tiempo hace falta para juzgar correctamente a una nueva disciplina? La modalidad de un anónimo que hace un video versando sobre nada en particular y se transforma en hype es una novedad y ha sido atacada decenas de veces. Es un arte que se ha minimizado, no lejos en el tiempo, sino incluso unas líneas más arriba. Pero, ¿ya es tiempo para juzgarla, o hay que dejarla decantar?
Tal vez le ocurra lo que sufre la televisión, ese rechazo de los que se creen grandes intelectuales, que en su intención por no legitimarla, le huyen, transformándola cada vez en una caja más boba.
Cuando el youtuberismo se cargue de contenido, tal vez, podrá explotar las virtudes epidémicas de las redes sociales y entonces, quizás, una convención de youtubers sea realmente una fiesta.
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